
Violeta Terpolilli
¿Alguna vez te pusiste a escuchar detenidamente cómo te hablás cuando algo no sale como esperabas? Frases como «nada me sale bien» o «esto es imposible para mí» se nos escapan sin que nos demos cuenta. Parecen simples palabras inofensivas, pero la realidad es muy diferente: tu mente escucha absolutamente todo lo que decís.
Ahí es donde entra la Programación Neurolingüística (PNL), una disciplina que, dicho en fácil, estudia cómo nuestras palabras programan a nuestro cerebro y moldean nuestra forma de sentir y actuar.
Imaginá que tu mente es el sistema operativo de un teléfono y tus palabras son los comandos que le das. Si le decís a tu cerebro «esto me va a salir mal», no estás haciendo una predicción del futuro: le estás dando una orden directa. Tu mente va a buscar automáticamente todos los motivos, recuerdos y excusas para darte la razón y hacer que te sientas inseguro.
En cambio, cuando modificás la forma en que te comunicás con vos mismo, la química de tu cuerpo y tu estado de ánimo cambian por completo.
No hace falta ser un experto para empezar a aplicar esto hoy mismo. Solamente necesitás empezar a prestar atención a estas tres formas de hablarte:
Cambiá las preguntas: En lugar de preguntarte «¿por qué siempre me pasa esto a mí?» (que solo te deja en lugar de víctima), probá con «¿qué puedo aprender de esto?» o «¿cómo lo puedo resolver?». Las preguntas correctas abren puertas en lugar de cerrarlas.
Cuidá el «NO»: A la mente le cuesta procesar las negaciones. Si te decís «no me quiero poner nervioso», tu cerebro primero piensa en los nervios. Decile directamente lo que sí querés: «quiero mantener la calma y disfrutar».
Suavizá las etiquetas: Cambiá el «soy un desastre organizándome» por «hasta ahora me costó organizarme, pero estoy aprendiendo». Sacarle el carácter definitivo a las cosas te da espacio para cambiar.
No podemos controlar todo lo que pasa a nuestro alrededor, pero sí tenemos el control absoluto de cómo nos lo contamos. La próxima vez que te abraces a un pensamiento limitante, frená un segundo, respirá y preguntate: ¿esta forma de hablarme me acerca o me aleja de la paz que quiero sentir?
Empezá a hablarte como le hablarías a alguien a quien querés mucho. Vas a ver cómo, de a poco, todo a tu alrededor empieza a alinearse.
Tu número de nacimiento (el día en que naciste, del 1 al 31) es una de las claves de tu personalidad. Refleja talentos innatos y lecciones que traes a esta vida. Por ejemplo:
Nacidos el día 1: son personas con iniciativa y espíritu pionero.
Nacidos el día 6: tienen un fuerte sentido de la responsabilidad y la familia.
Nacidos el día 9: son humanitarios y poseen una gran sabiduría interior.
Consejo: Reflexiona sobre cómo se manifiesta tu número en tu día a día. Acepta sus dones y trabaja en sus sombras. La numerología evolutiva te invita a conocerte para transformarte
En numerología, los números 11, 22 y 33 se consideran Números Maestros. No se reducen a una sola cifra porque poseen una vibración elevada y un potencial espiritual especial. Si aparecen en tu mapa, indican que tienes una misión de impacto.
11: intuición, iluminación y sensibilidad.
22: el «Maestro Constructor», capaz de convertir sueños en realidad.
33: el «Maestro Sanador», guiado por el amor y el servicio.
Consejo: Si te encuentras con estos números (en tu fecha, dirección o incluso en el reloj), presta atención. Son señales de que el universo te está llamando a conectar con tu propósito más elevado
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